Antes de hoy escribí en foros, a veces, o en grupos del libro de caras, o participé en discusiones mesa, comida y vasos de por medio, o en el medio de un ensayo me detuve a hacer una aclaración de las razones por la que no simpatizaba con cierto procedimiento, o mientras planificaba una clase en un equipo intenté acotar el porqué de la necesidad de cierta información, o con alguien mientras atizábamos el fuego nos preguntábamos el hasta donde del espectro de un tema, o mientras pescaba al lado de una laguna, en el medio del campo, entre pique y pique dialogábamos sobre los problemas para definir ciertas sensaciones o transferirlas.
Una bitácora? nunca pensé que tuviera contenido como para una. Contar cualquier cosa en un texto, si, reconozco que esporádicamente se me ocurre y lo hago, pero tomar un tema y ajustarle las teclas, de a poco, ordenándolo para uno mismo, respondiéndose las sucesivas preguntas que se disparen de lo que uno lee o vive, nunca lo he hecho en profundidad. Una de las razones para no hacerlo es el considerarme un ser cambiante, que puede modificar su perspectiva de un día para el otro, dependiendo de sus reacciones frente a lo que sucede en un entorno variado, físico y virtual. Pero una bitácora digital tiene esa posibilidad de hacer trampa, de releerse y criticarse, y a escondidas de uno mismo editar textos anteriores y acomodarlos, como quien apreta un almohadón que se hace el difícil, para que se amolde a la posición que en ese preciso instante mantenemos, a quien en ese momento se es. No quiero afirmar que vaya a dar resultado, que vaya a durar mucho, esto de escribir una bitácora.
Este es solo un intento. No le impongo la condición de ser duradero, sino solo la de ser lo que es, un intento.
Vaya mi agradecimiento para todos los que despertaron las preguntas que pienso intentar transferir a texto en las sucesivas intervenciones temporalmente irregulares a este espacio, y a todos aquellos que se animen a contribuir con su punto de vista.